La reposera me habló
Es domingo a la mañana en mi cocina. Me apoyo sobre la mesada, levanto la mirada y el vidrio de la puerta que da al patio quedó lo suficientemente abierta para que me refleje la imagen de una reposera negra, en el medio del jardín tan verde. Está sola en posición erguida, como si estuviera esperando que alguien se siente y la ocupe, pero lo más notable es que está mirando al centro, como si estuviese en una ronda en posición de apertura, lista para hablar. Tomo un sorbo de café. Quiero leer para distraerme y un texto viene a hablarme directamente a mí, lo empiezo a leer y al toque pienso: ¿Es joda esto? El texto: Si de aquí no soy, ¿por qué me quedo? He pasado mucho más tiempo del que he querido en lugares equivocados. Me he sentado en una mesa que no era la mía, sonriendo por compromiso. Es la sensación de ocupar un asiento prestado. Cumplir con la presencia, pero con la mente en otro lado. Fingir que está bien, mientras algo en el fondo repite: acá, no es. Me acostumbré a esa incomod...