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Todos sin emojis, sin reacciones

Todos hiperconectados. Todos mirando al otro. Todos mirando y ninguno haciendo nada. Todos del otro lado, mirando y mirando, conectándose y desconectándose. La nueva rutina. Los tiempos modernos del amor y la desconexión. Todos queriendo sentir. Todos queriendo encontrarse. Pero nadie hace nada. Todos quietos en el campo de confort, donde todo es más fácil y dejamos en la imaginación la fantasía de concretar, de la presencia, de la palabra y del cara a cara. Todos dicen lo mismo, pero todos hacen lo mismo. La paradoja de la vida vincular en los tiempos modernos. A los tiempos modernos les sobran ausencias. A los tiempos de los likes, las reacciones y el tilde azul les sobran fantasmas y les hacen falta las garras de los viejos tiempos. Esos tiempos donde las manos transpiradas y el corazón latiendo a mil por hora se te salían por el pecho cuando, cara a cara, tenías que decirlo. Sin emoji. Sin reacción. Sin pantalla que te protegiera. —Me gustás. Y quizás eso sea lo que más estamos per...

Un año más

Un año más. Y no es 31 de diciembre porque el mejor saludo de cumpleaños es: ¡Feliz año! El año calendario se rige cada vez que volvés a nacer vos, no Jesús. Y con cada año llega algo nuevo. O, al menos, la posibilidad de aprender algo nuevo. Porque en esa curiosidad por aprender hay cambios, hay movimiento, hay dinamismo. Nada, ni nadie, es lineal. Y quizás ahí habita gran parte del sentido de la vida. Ahí hay vida. Aprender a: Mirarse y buscar adentro lo que muchas veces se busca afuera. No llenar vacíos con más vacíos, sino aprender a habitarlos y llenarlos de uno mismo. Encontrar la valentía y la sabiduría de habitar la soledad. Entender que hay cosas que no se piden: simplemente suceden. Y si no suceden, no se fuerzan. Convivir con los deseos, pero también con las incertidumbres. Aceptar que nadie tiene que entenderlo todo. A veces alcanza con entenderse un poco más a uno mismo. Descubrir que estar con uno mismo puede ser el mejor plan de un día, de un fin de semana y de la vida. ...

Terminó

La carta de mi abuela, que no puedo encontrar por ningún lado, decía que según ella yo adoraba la guitarra. Que cosa che, porque desde que la leí por primera vez hasta ahora, eso no me resonó nunca. Pensé que en la carta me iba a decir que lo que más adoraba era escribir, el arte de expresar en palabras lo que mi voz necesita sacar de mi cuerpo. Pues ahí, acá, es a donde encuentro este sentimiento de exactitud, donde siento que encajo tan bien que no quiero que nadie, ni nada me saque de acá. Una de nosotras se levantó y empezó a juntar los platos de la mesa. Esa señal en cualquier juntada significa el principio del fin y automáticamente todas empezamos a colaborar para ir cerrando, agarrar nuestros petates y nuestros souvenirs para fundirnos en un abrazo y en un beso de despedida. Terminamos la formación. Nos convertimos en maestras y es el comienzo para empezar a navegar otras aguas y llevar nuestra sabiduría a otros cuerpos. Caminamos hasta la puerta. El ritual de la despedida se al...

Era esto

"No creo más en el amor" , me dijo. "La única forma de amor más puro y verdadero que existe es la amistad. No hay otra." , eso me confesó mi amiga, casi con un sentido absolutista que, primero me chocó, pero después de dos segundos me dije para adentro: sí, es absolutamente verdad . ¿Cuántas veces te achicaste para no parecer la exagerada, la intensa? ¿Cuántas noches te fuiste a dormir preguntándote si había algo más? ¿Si lo que tenías era lo que querías, lo que te hacía irte a dormir feliz? ¿Cuántas veces te autoconvenciste de que así tenía que ser, que así estaba bien, que por sentir que pedir más eras desagradecida de lo ''lindo'' que tenías en ese momento? ¿Cuántas veces te quedaste esperando ese mensaje, esa demostración de amor, de interés en momentos que para vos eran de los más importantes en tu vida? Pero justificabas todo con el " aunque no me lo diga, sé que siente lo mismo que yo" . Todo para seguir quedándote en la comodidad de...

Lo que se hereda

Lo que se hereda, no se roba. Pero, ¿qué se hereda? ¿Objetos, gestos, silencios, pasiones? ¿Heredar es recibir? ¿O aceptar? Hay herencias que dan orgullo. Otras que pesan. Y otras que negamos, como si la rebeldía de negarlas pudiera borrar la sangre. Aunque lo heredado no puede esconderse. Late, insiste, vuelve. Me volví a encontrar con esta reliquia: la cámara analógica Pentax de papá. Modelo 1985, un año antes de que yo naciera. Quizás él ya estaba fotografiando el mundo antes de que yo lo habitara. Una cámara analógica en el 2026. Un diamante fuera del tiempo. Necesita service, rollos, paciencia. Amor. Como todo lo que vale la pena. Quiero llevarla conmigo. Como una brújula. Como un portal. Como un hilo invisible entre su mirada y la mía. Como un recordatorio de quién fui, de dónde vengo, y de que mi mirada también es una herencia en expansión. Hoy la sostengo como quien sostiene una reliquia, un amuleto, una conversación pendiente. ¿Tal vez, sin saberlo, de él he...

Hogar, arquitectura íntima de lo cotidiano

Camino por las calles de mi barrio. No es casualidad que lo hayan apodado el barrio inglés . Siempre hay una divina coincidencia que viene a tocar alguna parte de mí, como si las calles que camináramos también supieran quiénes somos. Caminar por estas calles me hace sentir en casa. Pero quiero ponerme técnica, casi filosófica, porque no es lo mismo que un hogar. Definir qué es hogar es casi tan imposible como definir lo abstracto. Y si intentamos definir algo, ya lo estamos limitando, diría el chino Darín. Aun así, siento la imperiosa necesidad de describir una secuencia de escenas que, en mi imaginario, construyen hogar: El olor a comida recién hecha flotando en el aire como humo sagrado. El murmullo de una televisión encendida en otra habitación. Una voz que avisa que hay que poner la mesa porque la cena ya está lista, seguida del sonido de los cubiertos y los platos acomodándose para compartirse. La chispa de una hornalla encendiendo una olla como quien enciende un ritual. ...

La piel de gallina

Chicken skin o goosebumps , en inglés. Una expresión coloquial para nombrar eso que te atraviesa tan hondo que despierta algo que ni sabías que estaba ahí. Una revelación sagrada de la piel cuando algo invisible la toca primero. Ironías del lenguaje, ¿no? Ser “gallina” se asocia a ser miedoso (o de River), pero sentir piel de gallina es todo lo contrario. Dicen que es miedo. Yo creo que es presencia. Es el instante en que algo más grande te roza: una verdad, una intuición, un amor, una herida, la belleza. La piel que se eriza es un mensaje del subconsciente emocional. A veces es el alma reconociendo algo antes que la mente. Una memoria antigua activándose en silencio. Una vibración que llega sin avisar. Cuando la piel se eriza, el cuerpo recuerda que es un portal. Que no todo se explica con palabras. Que hay mensajes que llegan con una sutil electricidad, como susurros sin idioma. Como un mensaje inesperado que te recuerda que estás viva. Que algo te tocó. Que sentís. Sentir tanto es ...