La piel de gallina
Chicken skin o goosebumps, en inglés.
Una expresión coloquial para nombrar eso que te atraviesa tan hondo que despierta algo que ni sabías que estaba ahí.
Una revelación sagrada de la piel cuando algo invisible la toca primero.
Ironías del lenguaje, ¿no?
Ser “gallina” se asocia a ser miedoso (o de River),
pero sentir piel de gallina es todo lo contrario.
Dicen que es miedo.
Yo creo que es presencia.
Es el instante en que algo más grande te roza:
una verdad, una intuición, un amor, una herida, la belleza.
La piel que se eriza es un mensaje del subconsciente emocional.
A veces es el alma reconociendo algo antes que la mente.
Una memoria antigua activándose en silencio.
Una vibración que llega sin avisar.
Cuando la piel se eriza, el cuerpo recuerda que es un portal.
Que no todo se explica con palabras.
Que hay mensajes que llegan con una sutil electricidad, como susurros sin idioma.
Como un mensaje inesperado que te recuerda que estás viva.
Que algo te tocó.
Que sentís.
Sentir tanto es coraje.
Sentir tanto es para valientes.
Sentir piel de gallina es estar despierta.
Es el alma tocando la piel para decirte: estoy acá.
Cada vez que se te eriza la piel es una prueba de vida.
Y estar viva no da miedo.
Da vértigo.
Y es belleza auténtica.
La piel erizada es el lenguaje del alma que te habla en voz bajita.
Cuando algo invisible atraviesa tu energia, te recuerda que sos memoria y latido.
No es miedo.
Es reconocimiento.
¡Gracias por leer!
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