Besos que no sabían tu nombre
Imposible olvidar los besos que te di en la espalda
como quien recuerda un rezo que aprendió en secreto.
Mi boca seguía el oleaje lento de tu respiración,
y besar era una forma de inclinar mi alma.
Abrazada de atrás a tu cintura,
sembré mis besos como quien cuenta estrellas en una noche sin luna,
hasta que el tiempo se volvió innecesario
y el número perdió sentido.
Entonces tu cuerpo se movió,
como si supiera pedir sin voz,
como si el deseo tuviera su propia gramática,
anterior a las palabras.
Ese idioma que sólo hablan los cuerpos
cuando se saben a salvo,
cuando no necesitan traducirse
ni justificarse.
¿Era amor ese lenguaje?
¿O era un cuerpo pronunciando la palabra amor
sin saber todavía su nombre?
¡Gracias por leer!
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