Todos sin emojis, sin reacciones
Todos hiperconectados.
Todos mirando al otro.
Todos mirando y ninguno haciendo nada.
Todos del otro lado, mirando y mirando, conectándose y desconectándose.
La nueva rutina.
Los tiempos modernos del amor y la desconexión.
Todos queriendo sentir.
Todos queriendo encontrarse.
Pero nadie hace nada.
Todos quietos en el campo de confort, donde todo es más fácil y dejamos en la imaginación la fantasía de concretar, de la presencia, de la palabra y del cara a cara.
Todos dicen lo mismo, pero todos hacen lo mismo.
La paradoja de la vida vincular en los tiempos modernos.
A los tiempos modernos les sobran ausencias.
A los tiempos de los likes, las reacciones y el tilde azul les sobran fantasmas y les hacen falta las garras de los viejos tiempos.
Esos tiempos donde las manos transpiradas y el corazón latiendo a mil por hora se te salían por el pecho cuando, cara a cara, tenías que decirlo.
Sin emoji.
Sin reacción.
Sin pantalla que te protegiera.
—Me gustás.
Y quizás eso sea lo que más estamos perdiendo:
no la conexión, sino el coraje de estar presentes cuando realmente importa.
Porque mirar no es encontrarse.
Reaccionar no es acercarse.
Y estar conectados no significa, necesariamente, estar cerca.
Qué tiempos aquellos.
Qué tiempos estos.
Qué poco nos estamos tocando.
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