Un año más

Un año más.
Y no es 31 de diciembre porque el mejor saludo de cumpleaños es: ¡Feliz año!

El año calendario se rige cada vez que volvés a nacer vos, no Jesús.
Y con cada año llega algo nuevo. O, al menos, la posibilidad de aprender algo nuevo.
Porque en esa curiosidad por aprender hay cambios, hay movimiento, hay dinamismo. Nada, ni nadie, es lineal. Y quizás ahí habita gran parte del sentido de la vida.
Ahí hay vida.

Aprender a:
Mirarse y buscar adentro lo que muchas veces se busca afuera.
No llenar vacíos con más vacíos, sino aprender a habitarlos y llenarlos de uno mismo.
Encontrar la valentía y la sabiduría de habitar la soledad.
Entender que hay cosas que no se piden: simplemente suceden. Y si no suceden, no se fuerzan.
Convivir con los deseos, pero también con las incertidumbres.
Aceptar que nadie tiene que entenderlo todo. A veces alcanza con entenderse un poco más a uno mismo.
Descubrir que estar con uno mismo puede ser el mejor plan de un día, de un fin de semana y de la vida.
Entender que la vida puede ser cómo, cuándo y dónde cada uno elija. Y que quizás ahí está lo mejor: la libertad.

Y, sobre todo, a recordar que la curiosidad es lo que mantiene encendida la llama.
Que nunca se apague.

Porque mientras haya curiosidad, hay movimiento.
Mientras haya movimiento, hay vida.
Y desde ahí, quizás, lo más lindo sea seguir contagiando las ganas de vivir.

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