6 de copas
De repente, o sin querer queriendo, apareciste, te abrí la puerta de mi casa y vos me abriste la puerta a un mundo tan mío que ni siquiera yo me acordaba que tenía, y me estimulaste (mucho) como nunca antes lo habían hecho conmigo.
Estaba dormida y vos despertaste mi versión más auténtica y profunda. Después de tantos años de costumbres y quietud, después de que en unos pocos meses la vida que había construido se derrumbara sin motivos, apareciste vos como un punto de inflexión, donde se me dio vuelta todo por completo, y encajó a la perfección con mi ser más verdadero.
Sin querer queriendo hiciste que me autodescubriera en mi esencia más pura y genuina. Yo, la que pensaba que ya estaba siendo yo, pero no.
Me viniste a mostrar ese estímulo que siempre quise, que siempre esperé o, que quizás, inconscientemente buscaba todo el tiempo. El intelectual, el que, para mi, es más fuerte que cualquier otra conexión humana.
Me miraste, me observaste con deseo, con pasión. Me observabas los labios cuando me pediste que te lea algo, te excitaba mi respiración y mi risa. Sí, nos reímos mucho porque el sentido del humor también nos conectó y me salvó. ¿Había algo que no nos unía? Parecía que no.
Me tocabas, me mirabas, me deseabas, me escuchabas, me hablabas, me preguntabas, te interesaba, me apreciabas y yo no podía entender cómo podía estar pasando todo eso en un mismo instante. Todo lo que siempre estuve deseando vivir y experimentar. Todo eso, en un mismo ser, en un mismo instante. Vos, el que me abrió la puerta a un mundo completamente nuevo, que estaba ahí y siempre fue muy mío, y que no voy a querer soltar jamás. Mi estímulo intelectual, mi punto de inflexión.
Me devolviste las ganas cantar, de escribir, de sentir, de vivir, de pensar, pero con una profundidad y un sentido que tenía dormidos hace añares. Me hiciste vibrar mi cuerpo, mi sexo y mi mente.
8 de mayo 2025
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